Definición de Correveidile:

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viernes, 25 de agosto de 2017

“Una ciudad tan serena que, aunque sea lenta, siempre se hace extrañar”

El titular es un fragmento de la canción “Uruway” de Snake (si quieres saber más sobre ellos, pincha aquí), que traduce mi sentimiento después de permanecer cuatro días en Montevideo. Este fue mi primer viaje de vacaciones sola – he viajado muchos años por trabajo, pero la planificación para algo así cambia totalmente, una vez que tienes que elegir tu agenda para las 24h del día. Sin duda ha sido un reto para mí, pero hoy en día es posible buscar buenas sugerencias sobre qué hacer, comprar o visitar en sitios de Internet, en particular os recomiendo este: http://www.descubrimontevideo.uy. Otra opción para los turistas es el sitio http://www.guruguay.com (en inglés). 

Faro de Colonia
Visto que mi vuelo había llegado muy tarde, el primer día decidí descansar e irme a una ciudad cerca de Montevideo, Colonia del Sacramento. Tomé un autobús (que, en Uruguay, las personas llaman ómnibus) en la Terminal Tres Cruces que llegaría a mi destino 2h30 después. Aunque hacía frío, realicé una caminata interesante por algunas cuadras desde la Terminal de Colonia hasta el barrio histórico, que fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Utilizándose un mapa, es fácil conocer sus principales puntos turísticos, como la Puerta de la Ciudadela, la Calle de los Suspiros (la más famosa), el Faro de 1857, los bastiones, el muelle y otros sitios históricos. En mi recorrido pasé por las principales atracciones, pero no visité ningún museo.  


Iglesia de Colonia

Al final, mi única decepción fue no sacar ninguna foto panorámica desde el Faro, puesto que había sido cerrado debido a la lluvia que empezara mientras yo conocía el casco histórico. A pesar de estar lejos, esta es una excelente elección para quienes les gustan las opciones culturales e históricas.

Parque del Prado
El segundo día compré un billete de ómnibus turístico por Montevideo, que incluía 12 paradas en un trayecto de cerca de 2 horas. Tengo la costumbre de utilizar este tipo de servicio para conocer los principales puntos de interés de un lugar, de modo que pueda elegir lo que merece la pena ser visto con más detalle. Debido a que los horarios del autobús están más restringidos durante la estación baja, paré en el Jardín Botánico (parada 6) y aproveché para caminar por el Parque del Prado hasta el Monumento a la Diligencia (parada 5). Por ser una región muy arborizada, y estar una tarde de sol agradable, logré sacar fotos muy bonitas del paisaje. 

Museo del Fútbol en el
Estadio Centenario
Cuando volví a la ruta, paré en el Estadio Centenario (parada 8) para visitar el Museo de Fútbol. Si no tuviese miedo de altura, podría haber subido en el ascensor de la torre, que es una marca característica de la construcción. Mi última parada fue en la región del Shopping de Montevideo (parada 9), a partir del cual se camina hasta la playa donde se sitúa el letrero “Montevideo”. Finalicé mi día cenando un parrillín (una pequeña parrilla de asado de carnes) con un buen vino uruguayo, en la región bohemia de la calle 26 de Marzo. 



Palacio Salvo
Aun aprovechando mi billete del ómnibus turístico (válido por 24h), el tercer día me fui a la Cuidad Vieja para visitar el famoso paseo peatonal. Inicié la marcha por el Mercado del Puerto, donde compré alfajores, dulce de leche y vino. Después caminé hacia la Plaza de la Independencia, donde se ubica el Palacio Salvo, que fue el mayor edificio de América Latina cuando se construyó. En este trayecto, aproveché para comer un postre en el famoso “Café Brasilero”. 

Aunque estaba cargada de cosas y con el bolso roto, decidí conocer el mirador de la Intendencia de Montevideo, donde tuve una experiencia maravillosa: al preguntar si el ascensor era panorámico (que es algo terrorífico para mí), conocí al señor Rubén Chevalier, muy simpático y diligente, que me llevó en un ascensor cerrado, además de quedarse durante cierto tiempo charlando conmigo. Realmente es fantástico estar con personas con ganas de aprovechar la vida, independientemente de su edad. Entonces, volví al hotel para prepararme para mi cita de la noche, el concierto de rock del Festival QuéLocura! 



El balance que hago de esta vivencia es que pude tener una experiencia distinta e increíble, la cual me permitió conocer gente nueva y probar que el mundo está ahí para ser explorado. Hay diversas cosas que conocer en Montevideo, desde la gastronomía, los eventos culturales o la gente – 4 días es muy poco para eso. Siendo así, finalizo con otro fragmento de la canción “Uruway”: para mí, quien conoce Montevideo “no se cansa de pensar en regresar a esta ciudad tan serena”. 

Érika W. O. Fernandes

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