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martes, 15 de agosto de 2017

"Los famosos huevos Fabergé"

Peter Carl Fabergé

Orfebre y joyero ruso, Peter Carl Fabergé nació en San Petersburgo, 1846, y murió en Lausana (Suiza) en 1920. De familia de orfebres y joyeros, inmigrantes y hugonotes, fue educado en la Europa occidental, aunque comenzó a trabajar en el taller paterno, donde realizó objetos inspirados en el más genuino gusto ecléctico y, más tarde, influidos por el Art nouveau. Desde 1870 se hizo cargo del negocio familiar, que logró multiplicar hasta límites impensables. 


Primer huevo diseñado por Fabergé
Rápidamente logró hacerse con una gran reputación como diseñador. “Sus creaciones, expuestas en la Exposición Panrusa de Moscú de 1882, le valieron la medalla de oro. Para la Pascua de 1883, el zar Alejandro III le encargó al orfebre la construcción de un huevo para regalarle a su mujer, la zarina María. El regalo consistió en un huevo con cáscara de platino que contenía dentro uno más pequeño de oro. Al abrirse este último, se encontraba una gallina de oro en miniatura que tenía sobre su cabeza una réplica de la corona imperial rusa. Este particular huevo de Pascua le gustó tanto a la emperatriz que el zar le pidió a Fabergé que realizara uno nuevo para cada Pascua".


Desde 1913, con ocasión del tricentenario de la dinastía Romanov, recibió el nombramiento de Orfebre y Joyero de la corte imperial rusa, por lo que el nombre de Fabergé quedó ligado a la casa imperial hasta la revolución de octubre. Para ella produjo los objetos estilo "vieja Rusia", que han quedado como los más representativos y peculiares del conjunto de su obra. Tras la guerra, abandonó Rusia y se instaló en Lausana, donde murió. 

Pese a su educación cosmopolita, fue calificado por sus contemporáneos como “un refinado hombre de campo”. Además de artista, se reveló como un habilísimo hombre de negocios. Relacionado primero con los zares, en especial con Nicolás II, conquistó en seguida la estimación de varias cortes europeas, además de la de acaudalados personajes, como: Leopoldo de Rothschild. Abrió filiales de su negocio en Odessa, Kiev, Moscú y Londres, y llegó a emplear en sus dependencias a más de quinientos artesanos, pero en 1918, la guerra terminó con la gran firma Fabergé.

"Sus diseños fueron concebidos con tanta imaginación y ejecutados con tanta opulencia, que elevó la joyería hasta un nivel sin igual desde el Renacimiento. Sus creaciones más famosas son, probablemente, los famosos Huevos de Pascua imperiales, verdaderas obras maestras de orfebrería, pero también es vastísima su producción de joyas y petacas, además de pequeños y variados objetos de oro y plata, con frecuencia salpicados de piedras preciosas o semipreciosas y esmaltados en colores vivos". 



Sus obras más importantes son las piezas únicas que diseñó y, en algunos casos, ejecutó por encargo, pero a su lado se registra una extensísima producción de objetos menores realizados casi en serie en sus numerosos talleres.


Cuando se escucha el nombre de Carl Fabergé, lo primero que se nos viene a la mente son los huevos de Pascua que realizó para los zares rusos, Los huevos imperiales”, pero hay mucho más que destacar. Él está considerado uno de los mejores orfebres de todos los tiempos, no sólo por su maestría, sino también por la variedad de estilos artísticos que dominó, transformándose en el joyero preferido de los reyes europeos. En total se calcula que realizó 69 Huevos imperiales y alrededor de 200 000 objetos más. 


Siete huevos de Pascua fueron encargados por Alejandro Ferdinandovich Kelch, dueño de minas de oro en Siberia, para su esposa Bárbara. Asimismo, personajes de la época como Alfred Nobel, los príncipes Yussupov, Duques de Marlborough, entre otros de categoría no imperial, que suman un total de ocho huevos. Sin embargo, la colección imperial de huevos de Pascua encargada por los dos últimos zares rusos es la más famosa. 

Entre los materiales usados por Faberge figuran metales como el oro, platino, plata, cobre, níquel… que fueron combinados en distintas proporciones con el fin de conseguir diferentes colores para las “cáscaras” de los huevos. Otra técnica usada por Fabergé fue la conocida como guilloché, un tratamiento de grabado superficial sobre metal que consiste en hacer ondas, estrías o cualquier otro dibujo, de un modo repetitivo y simétrico, se podía hacer a máquina o a mano. Fabergé se sentía muy orgulloso de que todas las materias primas que se empleaban en su taller proviniesen de distintas partes de Rusia. Muchos huevos incluían minerales como el jaspe, la malaquita, el lapislázuli o el jade. 

La fuente primaria de inspiración de Fabergé venía de trabajos de siglos anteriores. "El esmalte translúcido era una técnica muy valorada en el siglo XIX, que requería de varias capas de esmalte que se secaba en un horno después de aplicar cada capa. Sin embargo, durante el siglo XIX se disponía solamente de una limitada gama de colores, de modo que Fabergé experimentó y pronto aumentó su paleta de colores hasta lograr más de 140 tonalidades diferentes. El más apreciado fue el esmalte de ostra, el cual variaba de color dependiendo de la luz". 


Fabergé terminó su vida próspero y célebre, pero exiliado. El triunfo de la Revolución, en 1917, lo obligó a huir de su país: para los soviéticos, su arte estaba ligada a los inaceptables lujos de la Rusia zarista. Su nuevo hogar, Lausana (Suiza), lo vería morir tan solo tres años después. 


Después de la colección guardada en la Armería del Kremlin, la mayor colección privada de huevos de Fabergé pertenecía a Malcolm Forbes, formada por nueve huevos y aproximadamente otros 180 objetos fabricados por Fabergé. La colección que se exhibió en Nueva York, fue subastada en Sotheby´s, en febrero de 2004, por sus herederos y adquirida en su totalidad por un oligarca ruso, Victor Vekselberg, por una suma estimada entre 90 y 120 millones de dólares, antes del inicio de la subasta. En el año 2011, el magnate ruso prestó su colección para una exposición celebrada en El Vaticano.

En noviembre de 2007, el reloj elaborado por Fabergé en 1902 para la familia Rothschild, fue vendido en subasta en Christie´s, Londres, por 12,5 millones de euros. El precio alcanzado por el huevo establece tres récords, es el reloj más caro, el objeto ruso y el objeto de Fabergé más caro jamás vendido en una subasta. La mayor exposición de huevos de Fabergé tuvo lugar en 1989, en la que 26 huevos de Fabergé se exhibieron en el Museo de arte de San Diego, como parte del Festival de las Artes de San Diego. 








En suma
En muchas culturas alrededor del mundo, durante la celebración del domingo de Pascua es tradición regalar huevos adornados con diseños de colores, ya sean pintados a mano o envueltos en diversos materiales. Aunque esta costumbre se relaciona con el Cristianismo, se cree que regalar huevos simboliza vida y fertilidad, una práctica que se remonta a la época de los faraones en Egipto, así como a la de los reyes de Persia. Desde entonces, año tras año, amigos y familiares se obsequian coloridos huevos cocidos o de chocolate que, actualmente, gozan de mayor popularidad, sobre todo entre los niños. 
La realización de huevos de Pascua decorados es un oficio muy antiguo en Rusia, pero fue Fabergé quien los transformó en un trabajo de orfebrería excepcional, convirtiéndolos desde entonces en joyas intemporales. Cabe destacar que, gracias al extravagante gusto de la familia imperial rusa, esta tradición popular se transformó en un arte valorado que se ha resguardado hasta los días actuales. 

Pepe Cocodrilo






Referencias bibliográficas y citas: 
http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=faberge-carl

2 comentarios:

  1. Sin duda, verdaderas obras de arte en miniatura. ¡Felicidades, Pepe! Siempre instruyéndonos a tu manera.

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  2. Una pequeña muestra de una época de lujo y requinte, que hoy nos parece distante y sin perspectiva de regreso. No obstante, el arte y la genialidad de Faberget serán un legado para todo el siempre. Gracias por tu visita querida Mafalda.

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