Definición de Correveidile:

1. Persona que trae y lleva cuentos y chismes // 2. Blog de los amantes de la lengua de Cervantes

miércoles, 26 de agosto de 2015

El rincón literario: MIA COUTO II

Así empezaba la Conferencia de Estoril (Portugal), con la intervención de Mia Couto: 

“Bueno, nada más inseguro de lo que un escritor en una conferencia sobre seguridad, un escritor que se siente un poco solo porque fue el único invitado en esta y en la anterior edición… necesito un amparo, un refugio… es un texto que voy a leer… El presidente me había dicho que yo debía hablar espontáneamente,...no soy capaz en siete minutos. Escribí este texto que voy a leer y que se titula: Celebrar el miedo.





Celebrar el miedo

“El miedo fue uno de mis primeros maestros. Antes de tener confianza en criaturas celestiales, aprendí a temer a los monstruos, fantasmas y demonios. Los ángeles, cuando llegaron, ya era para guardarme; los ángeles actuaban como si fueran una especie de guardaespaldas de las almas.

Ni siempre los que me protegían sabían la diferencia entre sentimiento y realidad. Eso sucedía, por ejemplo, cuando me enseñaban a ser reacio ante los desconocidos. En realidad, la mayor parte de la violencia contra los niños siempre ha sido practicada no por extraños, sino por parientes o conocidos. Los fantasmas que servían en mi niñez reproducían ese viejo engaño de que estamos más seguros en ambientes que reconocemos.

Mis ángeles de la guarda tuvieron la ingenuidad de creer que yo estaría más protegido solo por no aventurarme más allá de la frontera de mi lengua, de mi cultura y de mi territorio. El miedo fue, al final, el maestro que más me hizo desaprender. Cuando dejé mi casa natal, una invisible mano me robaba el valor de vivir y la audacia de ser yo mismo. En el horizonte se vislumbraban
más muros de lo que carreteras. En ese momento, algo me sugería lo siguiente: que hay en este mundo más miedo de las cosas malas, de lo que cosas malas propiamente dichas.

En el Mozambique colonial, en el cual nací y crecí, la narrativa del miedo tenía un envidiable casting internacional. Los chinos que comían niños, los llamados terroristas que luchaban por la independencia y un ateo barbudo con un nombre alemán.

Esos fantasmas tuvieron el fin de todos los fantasmas: murieron cuando murió el miedo. Los chinos abrieron restaurantes cerca de nuestras casas, los dichos terroristas son hoy gobernantes respetables y Carl Marx, el ateo barbudo, es un simpático abuelo que no dejó descendencia.

El precio de esa construcción del terror fue, sin embargo, trágico para el continente africano. En nombre de la lucha contra el comunismo se cometieron las más indecibles barbaridades. En nombre de la seguridad mundial, fueron puestos y conservados en el poder algunos de los dictadores más sanguinarios de toda la historia y la peor de esta larga herencia de intervención externa es la facilidad con la que las élites africanas siguen culpando a los otros por sus propios fracasos.

La Guerra Fría se enfrió, pero el maniqueísmo que la sostenía no se desarmó, inventando rápidamente otras geografías del miedo a Oriente y a Occidente y, porque se trata de entidades demoníacas, no bastan los seculares medios de gobernación, necesitamos intervención con legitimidad divina.

Lo que era ideología pasó a ser creencia. Lo que era política se convirtió en religión. Lo que era religión pasó a ser estrategia de poder. Para que se fabriquen armas es necesario fabricar enemigos. Para que se produzcan enemigos es imperioso que se sustenten fantasmas.

El mantenimiento de ese alborozo requiere un dispendioso aparato y un batallón de especialistas que, en secreto, toman decisiones en nuestro nombre. Esto es lo que nos dicen: para superar las amenazas domésticas, necesitamos más policía, más prisiones, más seguridad privada y menos privacidad. Para enfrentar las amenazas globales, necesitamos más ejércitos, más servicios secretos y la suspensión temporal  de nuestra ciudadanía.

Todos sabemos que el camino verdadero tiene que ser otro. Todos sabemos que ese otro camino podría empezar, por ejemplo, por el deseo de conocer mejor a esos que, de uno y de otro lado, aprendemos a llamar de “ellos”. A los rivales políticos y a los militares, se juntan ahora el clima, la demografía y las epidemias. El sentimiento que se creó fue el siguiente: La realidad es peligrosa, la naturaleza es traicionera y la humanidad, imprevisible.

Vivimos como ciudadanos y como especie en permanente situación de emergencia. Como en cualquier estado de sitio, las libertades individuales deben de estar controladas, la privacidad puede ser invadida y la racionalidad debe ser suspendida. Todas esas restricciones sirven para que no se hagan preguntas como, por ejemplo, ¿Por qué motivo la crisis financiera no ha alcanzado a la industria armamentista? ¿Por qué motivo se gastó, tan solo el año pasado, un trillón y medio de dólares en armamento militar? ¿Por qué motivo los que hoy intentan proteger a los civiles de Libia son exactamente los que vendieron más armas al régimen del coronel Gadafi? ¿Por qué motivo se llevan a cabo más seminarios sobre seguridad que sobre justicia?

Si queremos resolver, y no tan solo discutir la seguridad mundial, tendremos que enfrentar amenazas más reales y urgentes. Hay un arma de destrucción masiva que se utiliza todos los días, en todo el mundo, sin necesidad del pretexto de la guerra. ¡Ese arma se llama hambre!

En pleno siglo XXI, una de cada seis personas pasa hambre. El coste para superar el hambre mundial sería una fracción muy pequeña de lo que se gasta en armamento. El hambre será, sin duda, el mayor motivo de inseguridad de nuestro tiempo.

Voy a mencionar aún otra silenciada violencia: en todo el mundo, una de cada tres mujeres fue o será víctima de violencia física o sexual durante su tiempo de vida. Es cierto que, sobre un gran parte de nuestro planeta, pesa una condena anticipada por el simple hecho de ser mujeres.

Nuestra indignación, sin embargo, es mucho menor que el miedo. Sin darnos cuenta fuimos convertidos en soldados de un ejército sin nombre y, como militares sin uniforme, dejamos de cuestionar. Dejamos de hacer preguntas y de discutir las razones. Las cuestiones éticas son olvidadas, porque ha sido probada la barbaridad de los otros y, porque estamos en guerra, no tenemos que mostrar coherencia, tampoco de ética ni de legalidad.

Es sintomático que la única construcción humana que puede ser vista desde el espacio sea una muralla, la Gran Muralla, que fue erguida para proteger a China de las guerras e invasiones, pero la Muralla no evitó conflictos ni tampoco detuvo a los invasores. Posiblemente murieron más chinos construyendo la muralla, que víctimas de las invasiones que realmente hubo. Se dice que algunos de los trabajadores que murieron fueron emparedados en su propia construcción. Esos cuerpos convertidos en muro y piedra son una metáfora de cuanto nos puede aprisionar el miedo.

Hay muros que separan naciones, hay muros que dividen a ricos y a pobres, pero no hay todavía hoy en el mundo, un muro que separe a los que tienen miedo de los que no lo tienen. Bajo las mismas nubes grises vivimos todos nosotros, del norte y del sur, de occidente y de oriente.

Citaré a Eduardo Galeano acerca de esto, qué es el miedo global, es decir:

“Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo, los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo; cuando no se tiene miedo del hambre se tiene miedo de la comida; los civiles tienen miedo de los militares, los militares tienen miedo de la falta de armas y las armas tienen miedo de la falta de guerras.”

Y, si cabe, acreciento yo ahora: Habrá quien tenga miedo de que el miedo se acabe

¡Muchas gracias!”

Traducción y adaptación
 Fernando Liguori

7 comentarios:

  1. Gracias a ti, Uxío Rodríguez, por comentar tan bello trabajo desde París. Sí que es emocionante...
    Mi mano poco ha tenido que ver, Fernando ha realizado un trabajo impecable, para mayor deleite de aquellos que puedan ver una barrera en el idioma. Yo también lo animo a que siga creando en este idioma adoptivo, que es el español.

    Continúa visitándonos, es un placer leerte desde el otro lado del Océano. Un abrazo cariñoso,

    profa.Marta.

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  2. Emocionado por el link a la conferencia de Mia Couto en Estoril.
    Contento de tu trabajo, Fernando y un poco Marta, de traducción. Es un placer poder leer la traducción y poder comentar esta magnifica conferencia de Mia couto a través de las redes sociales.
    Te animo, Fernando, a que sigas traduciendo y, especialmente que lo hagas con autores tan excepcionales como Mia Couto.
    Rodriguez

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  3. Muy bueno el artículo. Felicidades por el blog. Hay un documental muy bueno que trata el tema, \"La doctrina del shock\" . Un tema muy interesante que nunca pasará de moda,ves la gran asignatura pendiente del ser humano. Un gran saludo.
    Celia ;-)

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  4. Gracias Marta, Cris y Érika por los comentários.
    Fernando

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  5. Excelente texto, Fernando! Muy orgullosa de tu trabajo!
    Érika Fernandes

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  6. Fernando, tu trabajo está estupendo, pues trata de un sentimiento del cual todos somos victimas.
    Cris Guerreiro

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  7. Excelentísimo y brillante trabajo este, que sin duda merece la pena comentar con detalle, y que ha sido realizado por Fernando del "CEDÓS".
    ¡Enhorabuena! Estoy muy orgullosa del resultado, la espera ha valido la pena.
    Un abrazo, profa. Marta.

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